Dentro y fuera. Del yo al él.
Los novios son los clientes que menos exigen. Están en una nube, tan enamorados que no reparan en las ofertas, ni la calidad de las comidas ni las horas de vuelo. Los metes en un avión y, como si llevasen una venda en los ojos, podrías enviarlos al fin del mundo sin que rechisten. Voy a comerme el mundo. Me siento genial. Esta mañana tengo que operar cinco viajes y cuatro de ellos son lunas de miel.
El operador de viajes está despierto en la cama. Hace dos años, al cumplir los treinta, se emancipó de casa de sus padres, y alquiló un apartamento muy cerca de la agencia donde trabaja. Intentó sacarse el carné de conducir, pero en el examen práctico se ponía muy nervioso y después de suspender cinco veces desistió. Al trabajo va andando siempre y para ir más lejos toma un taxi.
Me he pasado la noche en vela, pero no necesito dormir porque tengo energía de sobra. Dormir es una pérdida de tiempo.
Suena el despertador. Son las ocho de la mañana. El operador se levanta y se dirige a la cocina. Prepara un café con leche. Poco cargado porque la cafeína le causa ansiedad.
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