Balear
La tenue llama de esa cerilla
la apagó un bruto a salivazos.
En estupidez nadie le gana,
escupió el muy majadero,
viscosidades desde su pecho
arrancadas con impulso.
Magulladuras en la cara,
tonta su mirada hueca,
brechas en sus nudillos,
la medalla del puñetazo.
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