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domingo, diciembre 10, 2006

Hipoteca para los paletos

En este nuevo episodio de 'El Botijo Nuclear' se celebra una hipoteca entre el banquero y los paletos. Oficina del constructor. Un caballete cubierto con un velo. Ladrillos amontonados por el suelo. En un rincón está sentado un banquero ante una caja registradora repleta de billetes. El constructor se dirige a un grupo de paletos.

PALETOS (señalando al caballete). ¿Qué es eso?
CONSTRUCTOR: Veo que sois curiosos. ¡Tachan Tachan!

El constructor destapa el plano de unas viviendas.

PALETOS (asombrados). ¡Ohhh!
CONTRUCTOR: ¿Os habeis quedado de piedra, eh? Aquí lo teneís. Villalandia. Doce mil casas con piscina. Una inversión de futuro. Por el módico precio de treinta millones cada una. ¿IVA incluido?
BANQUERO: Por supuesto. Todo incluido.

Los paletos se meten las manos en los bolsillos.

PALETOS: No tenemos suelto. ¿Cómo te vamos a pagar?
BANQUERO: El dinero es lo de menos. La banca es vuestra amiga y os ayuda.

El banquero se pone en pie y se acerca a los paletos.

BANQUERO (aireando unos papeles en la mano): ¡A la rica hipoteca, a la rica hipoteca! ¡Qué buena hipoteca tengo, oiga! ¿Quién quiere hipoteca?
PALETOS (levantan la mano y saltan de impaciencia): ¡Yo, yo! ¡Mía, mía! ¡Yo quiero yo quiero!

El constructor se frota las manos.

BANQUERO: Tranquilos que hay para todos. Hacemos hipotecas como churros y de todos los colores.
PALETOS: ¿Qué hipotecas hay?
BANQUERO: Las hay de todos los gustos. Tenemos la hipoteca joven, sólo para mozos de hasta ochenta años de edad, pero os recomiendo la hipoteca baby, a medio siglo de plazo, para que terminen de pagarla vuestros hijos. Dicen que los niños nacen con un pan debajo del brazo. ¿Por qué no con una hipoteca?
PALETOS: Dame de las dos.

El banquero reparte documentos a todos los paletos.

BANQUERO: ¡Enhorabuena! Estais hipotecados.

El banquero vuelve a su sitio junto a la caja registradora y comienza a teclearla de forma frenética.

PALETOS: ¡Viva, viva! ¡Estamos hipotecados! Esto hay que celebrarlo.

Uno de los Paletos saca de un bolsillo una navaja y de otro un bulto en papel de aluminio.

CONSTRUCTOR: ¿Que llevas ahí?
PALETO (desenvolviendo el bulto): Un cacho queso. ¿Gusta usted?
CONSTRUCTOR: No, no, gracias.

El paleto corta el queso y lo reparte entre el resto de paletos.

CONSTRUCTOR: Os felicito. Esta es la inversión de vuestra vida. Vais a ser vecinos de Villalandia, todo un privilegio. Las mejores calidades. Y además con piscinita.

El constructor junta las palmas de las manos y estira el cuello hacia adelante como si se fuese a zambullir de cabeza.

PALETOS: ¿Cómo vas a llenar tantas piscinas si en esta región no hay agua? Nuestras tierras están secas.
CONSTRUCTOR (azorado): Pues...¿Qué más da? Yo os garantizo que las piscinas estarán llenas de agua.
PALETOS: ¡Oiga!
CONSTRUCTOR: ¿Si?
PALETOS: Podemos usar el agua de las piscinas para regar.
CONSTRUCTOR: No.
PALETOS: Anda. ¿Y por qué?
CONSTRUCTOR: Porque tiene cloro. ¡Viva Villalandia!
PALETOS: ¡Viva!

El banquero se levanta.

BANQUERO (con la mano en alto): ¡No tan deprisa! Tenemos que formalizar el contrato de la hipoteca.
CONSTRUCTOR: Por supuesto. Faltaría más.
PALETOS: ¿Qué tenemos que hacer?
CONSTRUCTOR: Es muy fácil. Seguidme la corriente.
PALETOS: Vale. Empieza ya.
CONSTRUCTOR: (alza la voz): Estamos aquí reunidos para celebrar la hipoteca. Tú, banquero. ¿Quieres unirte a estos paletos por esta hipoteca y amarlos y honrarlos en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad?
PALETOS: ¡Eh, sin ofender! No somos paletos.
CONSTRUCTOR: No me interrumapais, leñe. Banquero, ¿quieres o no?
BANQUERO: ¿Cuál era la pregunta? Se me ha olvidado.
CONSTRUCTOR: ¿Qué si quieres la hipoteca?
BANQUERO: Sí, quiero.
CONTRUCTOR. Y, vosotros, paletos. ¿Quereis uniros al banquero por esta hipoteca y amarlo y honrarlo en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad?
PALETOS: Sí, quiero.
CONTRUCTOR: Perfecto. Yo os declaro hipotecario e hipotecador. Podeis firmar.

El banquero y los paletos firman los papeles. El constructor saca un puñado de arroz del bolsillo y lo arroja al aire.

CONSTRUCTOR: ¡Vivan los hipotecados!

"Frente a quienes practican la intolerancia, desprecian la convivencia, no respetan las instituciones ni las normas elementales de una ordenada libertad de expresión", Anselmo Cobirán advierte de que en este blog no se consentirán comentarios de carácter ofensivo.