Hipoteca para los paletos

PALETOS (señalando al caballete). ¿Qué es eso?
CONSTRUCTOR: Veo que sois curiosos. ¡Tachan Tachan!
El constructor destapa el plano de unas viviendas.
PALETOS (asombrados). ¡Ohhh!
CONTRUCTOR: ¿Os habeis quedado de piedra, eh? Aquí lo teneís. Villalandia. Doce mil casas con piscina. Una inversión de futuro. Por el módico precio de treinta millones cada una. ¿IVA incluido?
BANQUERO: Por supuesto. Todo incluido.
Los paletos se meten las manos en los bolsillos.
PALETOS: No tenemos suelto. ¿Cómo te vamos a pagar?
BANQUERO: El dinero es lo de menos. La banca es vuestra amiga y os ayuda.
El banquero se pone en pie y se acerca a los paletos.
BANQUERO (aireando unos papeles en la mano): ¡A la rica hipoteca, a la rica hipoteca! ¡Qué buena hipoteca tengo, oiga! ¿Quién quiere hipoteca?
PALETOS (levantan la mano y saltan de impaciencia): ¡Yo, yo! ¡Mía, mía! ¡Yo quiero yo quiero!
El constructor se frota las manos.
BANQUERO: Tranquilos que hay para todos. Hacemos hipotecas como churros y de todos los colores.
PALETOS: ¿Qué hipotecas hay?
BANQUERO: Las hay de todos los gustos. Tenemos la hipoteca joven, sólo para mozos de hasta ochenta años de edad, pero os recomiendo la hipoteca baby, a medio siglo de plazo, para que terminen de pagarla vuestros hijos. Dicen que los niños nacen con un pan debajo del brazo. ¿Por qué no con una hipoteca?
PALETOS: Dame de las dos.
El banquero reparte documentos a todos los paletos.
BANQUERO: ¡Enhorabuena! Estais hipotecados.
El banquero vuelve a su sitio junto a la caja registradora y comienza a teclearla de forma frenética.
PALETOS: ¡Viva, viva! ¡Estamos hipotecados! Esto hay que celebrarlo.
Uno de los Paletos saca de un bolsillo una navaja y de otro un bulto en papel de aluminio.
CONSTRUCTOR: ¿Que llevas ahí?
PALETO (desenvolviendo el bulto): Un cacho queso. ¿Gusta usted?
CONSTRUCTOR: No, no, gracias.
El paleto corta el queso y lo reparte entre el resto de paletos.
CONSTRUCTOR: Os felicito. Esta es la inversión de vuestra vida. Vais a ser vecinos de Villalandia, todo un privilegio. Las mejores calidades. Y además con piscinita.
El constructor junta las palmas de las manos y estira el cuello hacia adelante como si se fuese a zambullir de cabeza.
PALETOS: ¿Cómo vas a llenar tantas piscinas si en esta región no hay agua? Nuestras tierras están secas.
CONSTRUCTOR (azorado): Pues...¿Qué más da? Yo os garantizo que las piscinas estarán llenas de agua.
PALETOS: ¡Oiga!
CONSTRUCTOR: ¿Si?
PALETOS: Podemos usar el agua de las piscinas para regar.
CONSTRUCTOR: No.
PALETOS: Anda. ¿Y por qué?
CONSTRUCTOR: Porque tiene cloro. ¡Viva Villalandia!
PALETOS: ¡Viva!
El banquero se levanta.
BANQUERO (con la mano en alto): ¡No tan deprisa! Tenemos que formalizar el contrato de la hipoteca.
CONSTRUCTOR: Por supuesto. Faltaría más.
PALETOS: ¿Qué tenemos que hacer?
CONSTRUCTOR: Es muy fácil. Seguidme la corriente.
PALETOS: Vale. Empieza ya.
CONSTRUCTOR: (alza la voz): Estamos aquí reunidos para celebrar la hipoteca. Tú, banquero. ¿Quieres unirte a estos paletos por esta hipoteca y amarlos y honrarlos en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad?
PALETOS: ¡Eh, sin ofender! No somos paletos.
CONSTRUCTOR: No me interrumapais, leñe. Banquero, ¿quieres o no?
BANQUERO: ¿Cuál era la pregunta? Se me ha olvidado.
CONSTRUCTOR: ¿Qué si quieres la hipoteca?
BANQUERO: Sí, quiero.
CONTRUCTOR. Y, vosotros, paletos. ¿Quereis uniros al banquero por esta hipoteca y amarlo y honrarlo en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad?
PALETOS: Sí, quiero.
CONTRUCTOR: Perfecto. Yo os declaro hipotecario e hipotecador. Podeis firmar.
El banquero y los paletos firman los papeles. El constructor saca un puñado de arroz del bolsillo y lo arroja al aire.
CONSTRUCTOR: ¡Vivan los hipotecados!
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